El Venado Azul
Cumbia Cusinela, Cuarru Mauturra, El Camaleón, Mi Lindo Nayarit, Piquetes de Hormiga, El Kora y El Huichol, El Corrido de los Perez, Ando Buscando un Amor, Flor de Capomo, Quiero ver tus Ojos, Los de Huejuquilla y otros exitos de esta agrupación musical de origen wixarika (Huichol) puedes escucharlos desde esta pagina. Contactanos y envia tus comentarios.
Conoce un poco de nuestra cultura representada en la etnia Huichola de la zona norte del estado de Jalisco.
La Peregrinación a Wirikuta
La peregrinación a Wirikuta se realiza anualmente, entre los meses de diciembre y enero y, en ocasiones, puede realizarse en febrero. Siempre ocurre cuando ya se ha cumplido con la fiesta del tambor, del elote tierno, de las calabazas. Es un evento central en nuestra vida y tiene un sin número de propósitos: portar las ofrendas que las comunidades envían a Wirikuta (lugar donde se reúnen los dioses); iniciar y consagrar a algunas personas en el arte de la recolección del hí’kuri; cosechar peyote para las ceremonias del año; recolectar raíces para la elaboración del sagrado pigmento amarillo con el que realizamos la pintura facial; adorar a los dioses en su lugar sagrado y aprender de la propia voz de los dioses lo que dice el costumbre.
La peregrinación debe partir siempre del centro de la tierra, del corazón, de Teakata, lugar en el que reside Tate’warí, el Abuelo Fuego. Antes de partir, los peregrinos pedimos al Abuelo que nos acompañe y para significar esta compañía, prendemos una vara de palo de brasil y la mantenemos encendida durante el viaje. De hecho, en la figura de Uruwakame Tate’warí (el representante del Fuego), es el propio Tate’warí el que va al frente de las peregrinaciones. A este personaje se le conoce también como el Hombre de las Flechas porque las flechas, como elementos de limpieza y purificación, juegan un papel fundamental en el éxito de las peregrinaciones. Con esta vara encendida, los peregrinos llevamos con ellos una especie de kaliwey portátil que permite reproducir nuestro espacio sagrado en cualquier sitio por el que pasamos.
El mara’akame que conduce la peregrinación recibe el nombre de kawitero. Este nombre deriva de un gusano mitológico que, en el inicio de los tiempos, trazó el camino sagrado que va de Teakataa Wirikuta. Este camino sintetiza en sí mismo la mitología completa del pueblo wixarika. Los kawiteros son los guías, los que conocen el camino, así que su participación es invaluable.
Preparativos
Toda la población se une a los preparativos de la peregrinación: se reúne dinero para las velas, el tabaco, la chaquira o el estambre de las ofrendas que, quienes no pueden viajar, enviarán a los dioses en manos de los peregrinos; se manufacturan las ofrendas; se hacen abundantes cantidades de tortillas y se tuestan (este es casi el único alimento de los peregrinos); se adornan los sombreros de los viajeros con colas de ardilla y plumas de guajolote. También se preparan las cuerdas de la confesión y la cuerda del tiempo.
Todavía en la comunidad de origen, el kawitero elige a los peregrinos que, mientras dura el viaje, reciben el nombre de peyoteros. A quienes van por primera vez a Wirikuta se les llama Matuame. Ellos deben llevar el rostro siempre cubierto: si son mujeres, con el paño de cabeza o rikuriy si son hombres, con el sombrero. Esto es para protegerse de los muchos peligros que acechan a los principiantes.
Los peyoteros necesitan realizar una estricta preparación espiritual que los ponga en condición de penetrar lo sagrado sin sufrir posibles daños. Lo primero que tienen que hacer es limpiarse y, para esto, no comen sal, se abstienen de las relaciones sexuales y reducen al mínimo el consumo de alcohol y de alimentos. Como parte de la purificación, dentro del kaliwey y ante Tate’wari, cada peyotero declara al kawitero los pecados que ha cometido a lo largo de toda su vida. Cada vez que el peregrino declara un pecado, el kawitero ata un nudo en su “cuerda de la confesión” y, cuando la declaración termina, esta cuerda es arrojada al fuego, en señal de reconciliación.
Para llegar a Wirikuta, los peyoteros atraviesan por lugares sagrados que se conocen como “puertas”. UruwakameTate’warí es el encargado de abrir, una a una, estas puertas y de celebrar en ellas algunos rituales. Entre los más importantes están los que se realizan en la puerta de Mayetekuta, donde el kawitero limpia a todos con sus flechas; el lugar de la presentación (Irimutiú) en donde los peregrinos se agrupan por parejas y se asignan a sí mismos un nombre que ellos mismos eligen para, con este nombre elegido, continuar el viaje; o el importantísimo cruce de la puerta “donde chocan las nubes” durante el que los peyoteros pueden morir si no están preparados, porque ahí es donde penetran de manera definitiva en el terreno sagrado. Por su propia seguridad y para evitar el peligro de quedar ciegos, los peyoteros cruzan esta puerta con los ojos vendados y acompañados de las plegarias constantes del kawitero, que pide a Kauyumari que les indique el camino ahora que no están usando la vista.
Antes de entrar a Wirikuta, visitan algunos manantiales como los de Tatei Matinieri (donde viven las madres del agua) y Toy Mayau (donde viven las madres de los niños). Ahí se quitan las vendas de manera definitiva, se lavan los ojos y se abastecen de agua sagrada que utilizarán para bendecir a los familiares que no pudieron peregrinar, al ganado, a la tierra o al maíz, y para las ceremonias de curación o de ofrenda. Un evento importante ocurre en estos manantiales: todos empiezan a hablar al revés, los viejos hablan como niños, los niños como viejos, la tristeza es alegría, la enfermedad es salud y el día es noche.
Al pasar por Tuimayeú, desentierran la raíz de la urrantarraye que permite obtener el sagrado pigmento amarillo que representa, por su color, al mismo Sol. Todos se pintan el rostro para vincularse así con el Sol recién nacido.
Una noche especial
El destino final es Mukuyuawi, en donde celebran la ceremonia de la cacería del venado que, en realidad se realiza como una cacería del peyote pues el venado y el peyote, junto con el maíz, son una misma deidad, con diferente forma.
Se prende un fuego, todos ocupan el lugar que UruwakameTatewarí les indica. Todos comen peyote,rezan y cantan toda la noche, acompañados del violín y la guitarra. Todos sostienen en círculo una cuerda llamada Kaunari y cada uno hace un nudo en esta cuerda. Con esto se representa la unidad.
Ésta es una velada sumamente especial: en ella, los peregrinos esperan entrar en contacto directo con Tamatz, el Venado. Por eso, muchos de nuestros cantos que entonamos son repetitivos y tienen un ritmo que se repite, para propiciar la aparición que se espera. Algunos ven cómo Tamatz salta de la fogata, otros lo ven aparecer en el aire, otros lo ven surgir del pecho del kawitero, otros no lo ven pero escuchan los cantos que Tamatz entona para que ellos los aprendan y los repitan luego, como conocimiento. Estos son los puros, los elegidos, son aquellos a los que se les ha concedido la gracia. No todos tienen este privilegio, no todos ven a Tamatz, algunos regresan de la peregrinación sin haberlo escuchado.
Los cantos de Tamatz, que repiten los peyoteros para aprenderlos de memoria, relatan los orígenes de el costumbre y se remontan a aquellos tiempos en los que todo era fluido y todo estaba en permanente cambio. Estos cantos cuentan las hazañas de los dioses así como los mitos de creación fundamentales.
Esta noche no tiene nada que ver con lo que podríamos considerar “personal”, es una noche colectiva, es una noche que está determinada por principios sociales, comunitarios y ecológicos en donde los peyoteros entran a formar parte de la naturaleza, del mundo de los dioses y de un espacio social que les dicta las reglas que deben seguir, al mismo tiempo que los ampara.
Aquí se presentan algunos versos de esos cantos (no se olvide que al peyote también se le conoce como “flor” y como “rosa”).
El Venado aparece
Wirikuta , Wirikuta ,
quién sabe por qué
lloran las rosas.
¿Quién podría decirlo?
¿Quién podría adivinarlo?
Wirikuta , Wirikuta ,
quién sabe por qué
las rosas lloran.
Cantan los peregrinos
El camino de las rosas
aquí va. Por Wirikuta va.
Dicen que tú
andas por aquí
y yo vengo a buscarte.
Aunque no estoy como tú,
sin pecados,
yo por aquí ando,
yo vengo por ti.
Primer canto del Venado
Salió el mar, del mar, pasó
y detrás del mar
vinieron todos los dioses.
Los dioses pasaron como flores,
en figura de flores.
Vinieron de atrás del mar,
y llegaron a la placenta,
al lugar de la placenta
de la que habían nacido.
De la placenta salió la nube
y de la nube salió el ririki
y del ririki nació el Venado
que se convirtió en maíz,
que se convirtió en nube
y llovió sobre la milpa.
Presididos por UruwakameTate’warí (o el Hombre de las Flechas), todos los peyoteros forman un círculo alrededor del Abuelo Fuego y sostienen una larga cuerda (wikura) que tiene treinta nudos. Cada nudo representa un día de viaje. Uno a uno, van soltando la cuerda mientras el compañero enrolla el tramo suelto y pasa el extremo enrollado a su compañero, con ritmo y ceremonia: la enrollan con la mano izquierda, la entregan con la derecha. Finalmente la cuerda, completamente enrollada, llega a las manos de Tekuamana o Urratuki, anciano encargado de quedarse al frente de la comunidad en ausencia de los peyoteros. El Hombre de las Flechas le pide que tome la cuerda y la guarde y que cada tarde desate un nudo para llevar así la cuenta de los días. A través de esta cuerda y de estos nudos, el anciano puede saber con certidumbre dónde están los peregrinos y cuando regresarán y, como los tiene ubicados, puede comunicarse con ellos desde la distancia.
Los peyoteros se lavan los pies y la cabeza con amole disuelto en agua y se sientan alrededor del fuego. Entonces, durante toda la noche, UruwakameTate’warí canta y cuenta cómo apareció el Fuego: allá en Wirikuta, allá en los remotos tiempos de la creación. En la mañana salen para Teakata, en donde da inicio el viaje.
Como la peregrinación es en sí misma una repetición del viaje que una vez hicieron los dioses antes de que apareciera el Sol sobre la tierra UruwakameTate’warí (el kawitero que representa al Fuego) otorga el nombre de una deidad a cada uno de los peyoteros. Ellos deben mantener esta identidad durante todo el viaje. Los instrumentos que acompañan a los peregrinos son el raweri (violín, que representa lo femenino), lacanari (guitarra, que representa lo masculino) y el cuernogina.
Segundo canto del Venado.
El mar les habló a los dioses
de los cinco rumbos cardinales
y del mar se vino el Venado Azul,
con Mari , el joven venado
y con otros muchos
venados pequeños.
Entonces se vio la flecha
y la cabeza del Venado
puestas las dos en el itari .
Los dioses entendieron
el mensaje de la flecha
que se volvió nube,
el mensaje de la cabeza
que se volvió lluvia,
y fueron al coamil
y en el coamil
dejaron su ofrenda.
Tercer canto del Venado
¿Qué ocurre en el coamil ,
qué ocurre en el seno
de Nuestra Madre Tatei Urianaka ?
se dijeron los dioses.
Es necesario saber lo que allí ocurre.
Escondidos en el monte,
asistieron al divino parto
y vieron nacer del itari
las cañas, los jilotes tiernos,
las calabazas redondas,
la flor amarilla del tuki
que los dioses cortaron
y frotándola entre las palmas
de sus grandes manos,
con el polvo del tuki
se pintaron tres rayas
en la cara.
Dijeron los dioses:
Wiwátzirra fue la cuna del Venado
y será su mortaja
porque allí lo tenderán
cuando lo maten en la sierra.
Último canto del Venado
Al hablar así, salió del mar azul
el Venado Azul Marrayueve ,
y se paró derecho en el itari.
Y en el norte y en el sur,
en el oriente y el poniente
aparecieron Venados Azules.
La cacería
Al amanecer, se inicia la búsqueda del peyote. Los cazadores no prestamos atención a peyotes que crecen aislados o desparramados, esperamos hasta encontrar manchones de peyote que simulan la forma de la cabeza o de la cara del venado. Todos los movimientos que hacemos los cazadores son lentos y ceremoniales.
Hay un momento en el que el kawitero indica que se ha encontrado el objetivo buscado: el Venado (el peyote que simula la forma del Venado). Entonces, se cruza una de las plantas con dos flechas que apuntan con sus extremos a los cuatro puntos cardinales, para que el peyote marque el centro. En ese mismo sitio, el kawitero deposita una ofrenda, corta al peyote, lo corta y lo reparte entre todos para que lo coman.
Entonces inicia la libre colecta de peyote. Mientras todos trabajamos, un grupo se dirige a La’unar, el cerro tras el que salió el Sol por primera vez y ahí, en nombre de todos, le hacemos ofrendas al Sol.
Despedida
Así termina la ceremonia. Ya con el agua y la cosecha a cuestas, todos cantamos una canción de despedida a los dioses, acompañados de violines y guitarras. Ésta canción es una plegaria. En ella se pide a los dioses que permanezcan en su sitio, que no se vayan, que nunca nos abandonen. Entonces, inician el regreso rumbo a la sierra, rumbo a las comunidades.
Texto: Nicolás Triedo
|